[EN CONSTRUCCIÓN - faltan las fotografías] Disculpad las molestias.

Este blog, que originalmente iba a ser una web, pretende acercar un tipo de arte que, por varias razones, no está tan valorado como lo puede ser la pintura, la escultura vanguardista o la fotografía, y que sin embargo mediante su estudio, se pueden aprender y entender muchísimas cosas sobre la sociedad de una determinada época y ciudad. Se trata del arte funerario, y en este espacio nos centraremos especialmente en el encontrado en los diferentes cementerios de la ciudad de Barcelona.

[Estudio realizado como trabajo de investigación de bachillerato (treball de recerca) en 2004.]

1. Historia del arte funerario.

El estudio de Erwin Panofsky(1) (Crítico e historiador de arte alemán, 1892-1968) sobre la estatuaria y arquitectura funeraria concluye con un comentario desalentador acerca de las soluciones formales que la modernidad ha dado al tema del arte tumbal.
Mientras que entre las siete maravillas del mundo, destacan dos tumbas monumentales: las pirámides de Gizeh y el mausoleo helenístico de Halicarnaso, Panofsky afirma que la estatuaria funeraria, y el arte religioso en general, tienen los días contados. La ausencia de monografías sobre tumbas modernas y el hecho de que arquitectos actuales no suelan mencionar, o no quieran destacar las tumbas y los panteones que han construido, ya sea por pudor, pues la muerte inquieta siempre, o porque consideran que se trata de obras menores o indignas, podría corroborar la afirmación de Panofsky. A pesar de ello, existen algunos libros que contienen las obras funerarias de arquitectos muy destacados.

El ajuar funerario nos desvela cómo vivían los hombres del pasado, al tiempo que la propia organización espacial de la tumba refleja la concepción que tenían de hogar los vivos. Aunque también se puede averiguar como es, o era, la sociedad de una ciudad paseando por sus cementerios, viendo el cuidado que se tiene de ellos y como son sus monumentos a lo largo de la historia. Para conocer muchas de las culturas que ya no perviven, se han tenido que estudiar sobretodo sus tumbas y sepulcros, sin ellos, posiblemente no sabríamos tanto como actualmente sabemos de los antiguos egipcios, romanos y demás culturas, o incluso yendo a civilizaciones neolíticas, donde todavía conservamos sus monumentos funerarios, como los dólmenes, los cromlecs y la cantidad de monumentos megalíticos que construían esas antiguas culturas.

El material que utilizaron para la construcción de tales tumbas, fue la piedra, que proporcionaba resistencia al paso del tiempo, cualidad necesaria para conseguir la idea de eternidad. Pero tiene un inconveniente cuando se habla de estatuaria. Al tratarse de algo tan detallista, el paso del tiempo y la acción del medio; si no se tiene un buen cuidado, termina por erosionarlas.

Básicamente las tumbas son objetos que mantienen viva la memoria o el recuerdo de un ausente, que tienen la función de proteger a los vivos de la presencia de los espectros y de las apariciones, a la vez que impide que éstos desaparezcan de la memoria de sus descendientes, y también diferenciar la clase social a la que pertenecía el difunto, puesto que los más pobres eran enterrados en fosas comunes.

También son construcciones cerradas completamente, que habrían de ser inviolables. Las antiguas construcciones carecían de pomos, manecillas y ojos de cerraduras, así como de bisagras. Incluso sus puertas se confundían con los muros. Hoy en día eso ya no sucede.

En la Antigüedad, las tumbas se veían de una forma u otra según la concepción de la vida que tenían las diferentes culturas. Los egipcios, por ejemplo, creían en la vida posterior del alma, así que como según ellos el muerto revivía, la tumba reproducía con exactitud la casa y el entorno que el difunto disfrutaba. Para ellos la tumba era su primer hogar, el primero y verdadero del que se disponía. Mientras que, los griegos, que les aterraba la muerte por que les hacía sombra a la vida, sus túmulos recordaban y exaltaban la última casa.

La tumba cristiana también refleja la concepción de la vida ultraterrena. A partir de la baja edad media, es una casa en el más allá. Los muertos cristianos eran enterrados dentro de los muros de las ciudades, cerca de las iglesias, incluso algunos eran depositados en el interior de la nave de la iglesia.

Con el paso de los siglos, que se ha visto acelerado por las guerras continuas, la arquitectura funeraria no ha perdido su relación con las figuras fantasmagóricas, desencarnadas, irreales e ideales. Pero las almas viven su existencia en el más allá sólo si se cree en ellas. La nuestra es una época lógicamente descreída y profana, es la llamada cultura de la juventud eterna, donde envejecer y morir no está permitido. Además, se esconde, como algo impuro e indigno, toda muestra de decrepitud. La vejez y la muerte repelen. Les tememos porque no podemos con ellas, sabemos que cuando llegan, concluye nuestra vida para siempre y por eso se intenta evitarla, dejando así cualquier símbolo de muerte alejándolo de nuestra vida. Incluso cuando un artista contemporáneo retrata la decadencia o el último instante, consideramos que sólo ha querido componer un espectáculo macabro y morboso. Así pues, por lo que tumbas modernas se refiere, da la sensación de que hay muy pocas, y ninguna destacada.

El arte funerario actual maneja todavía las formas clásicas o del pasado, cargadas de simbolismo. En verdad, el arte tumbal constituye el último refugio de un arte, clásico, que las formas profanas o cotidianas de la arquitectura moderna han desterrado.

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(1) Extraído de La última casa, de Mónica Gili

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